Inevitable extrañarte a estas horas.
Se derriten los hielos en la copa, de un amor pueril.
Calles de cartón y almas de hormigón
venden artilugios para borrarnos la memoria,
mientras en Palermo no cabe un alfiler.
Necesito una noche Celeste, pero ella duerme con Luli
y yo muero por dormir con las dos.
Hay demasiado ruido entre los dos,
demasiados peros y porqués.
Hay un lenguaje que aun no hablamos
y un universo de estrofas por escribir.
Es inevitable no buscarte en estas calles,
en este mercadillo Dantesco, en esta carrera hacia la nada
donde todo se alquila y todo se presta, sin garantias:
Alguna vez también fui uno de ellos
y bebí del mismo vaso hasta echarmelo encima.
Curiosa historia la nuestra:
Siempre recordé tus ojos, pero nunca tu dirección
y escribirte,
acabó siendo mejor que enviarte flores.
Amanece y este príncipe con acné se destiñe y despide
mañana quizás la suerte enseñe el camino al paraíso
ese que busco, en la calle Serrano
y acierte con el numero
y el piso.
